jueves, 12 de noviembre de 2015

CAVILACIONES IV: Cepillo Eléctrico

Me miro al espejo con los ojos hechos bolsas,  la lámpara sobre el espejo del baño refleja una luz amarillenta que me acentúa las insipientes arrugas y negrea más mis ojeras. La barba crecida de tres días me da un aire vagabundo. Más bien un ventarrón.

Siento la boca pegajosa por la saliva matutina, el olor rancio y el sabor agrio me asquean haciendo que busque rápidamente mi cepillo eléctrico mientras pienso en su suave vibrar dentro de mi boca y el sabor a menta fresca de la pasta dental.

La vibración y el saborcito ligeramente picante alivia mi asco a su toque, cierro los ojos para que mis sentidos se inunden de las sensaciones de ese momento.  La espuma se forma dentro de mi boca y cae por las comisuras de mis labios al lavabo que ya necesita una limpieza.

El cepillo comienza a vibrar más fuerte en mis manos, no puedo soltarlo, la electricidad hace que se pegue a mis dedos y que su temblor se haga salvaje.

Sin poder controlarlo, ni a mi brazo, lo jalo con el que aun tengo libre pero no logra liberarlo, el cepillo entra cada vez más en mi boca y toca mi garganta, las arcadas me hacen vomitar sobre mí mismo y la punta comienza a abrirme el paladar partiendo la carne que sangra a borbotones.

El hueso hace que el cepillo vaya hacia atrás y comience a subir por la parte blanda  hacia la nariz. Mi cabeza se echa hacia atrás en un movimiento  violento que la deja con el rostro hacia arriba  y mis gritos de dolor retumban en ella sin poder ya pensar mientas siento como ese instrumento perfora mi tabique en camino a mi cerebro.  El cartílago de mi nariz destrozado y el cepillo que se abre paso por mi rostro, hace bultos bajo la piel que me va deformando como un monstruo. Puedo verlo todo en el espejo, como mi cara se va convirtiendo en una máscara sanguinolenta y deforme.

Siento la presión de la punta del cepillo en uno de mis ojos. Vibra y penetra en él reventándolo, lo veo vaciarse, el liquido ocular mezclado con sangre corre por las deformidades de mi cara.

Mi voz es un bufido, una grotesca queja animal que se ahoga en mi garganta.

Sádicamente, sigo mirando mi inminente muerte a través del espejo salpicado de sangre y vomito. Mi ropa esta pegajosa del líquido rojo que se espesa por la saliva y la mucosidad que sale de mi nariz desgarrada y la garganta abierta. La sangre del ojo estallado ciega el otro por momentos, el dolor dobla mis piernas, mis brazos hacen su último esfuerzo de arrancar el cepillo antes que mi cerebro perforado haga que mi cuerpo tiemble en los últimos estertores de la vida.


-    "¡Diego! ¡Ya sal del baño!" – chilla mi madre justo en el momento cumbre de mi ensoñación que me servirá para el informe que debo presentar en la clase de Higiene Dental.