jueves, 11 de febrero de 2016

BELOVED: RONDA DE NIÑAS


*Favor de leer este relato con la melodía adjunta.

Mariette, salta tarareando una canción infantil, el sonido del cascabel de su cuello acompaña su delgada vocesita. Sus rizos rubios una vez más revuelan en el viento del atardecer que enrojecido da paso a  las primeras horas de la oscura noche. Su vestido floreado se deja llevar por el viento vespertino convirtiendo en ondas bailarinas su puntillado vuelo.

Como soplo del atardecer sus zapatitos de raso apenas tocan el verde césped acercándose al parque infantil en puntitas de pie que la llevan como las alas etéreas de un hada.

En el parque, los niños juegan en columpios y resbaladeras entre la brisa fría que baila entre los árboles que los rodean. Mariette se acerca despacito, paso a paso, a una ronda de niñas que cantan una alegre tonadilla. Con sus manitas enguantadas rompe el círculo colándose entre ellas, tomándolas de las manos. Las acompaña, ríe con ellas, dan vueltas y vueltas divertidas en saltos que parecen llevarlas al cielo mientras el vaho del aliento de sus risas se confunde con el frió ambiente.

“Vamos” –le dice a su nueva amiguita llevándola de la mano tras el árbol mas grande. Desaparecen tras el grueso tronco del centenario roble que cobija a la dulce asesina. Un corto grito es el único aviso y la blanca manita de la niña cae sobre las hojas anaranjadas de otoño que crujen al sentir el pequeño cuerpo aplastándolas.

“My beloved one, mi querida amiguita, pequeño recipiente de vida, cierra tus ojos mi niña, pronto pasará” – susurra en el suave oído  Mariette que arrodillada con sus mediecitas de encaje toma la débil muñeca y hunde las perlas de colmillitos en ella, absorbe vitae y vida, líquido y alma, sangre y sueños. Se aleja dejando tras de sí su acostumbrado riachuelo carmesí sobre el césped y las hojas que marcan el camino que toma la pequeña muerte de melena rubia.


Su vestidito floreado queda intacto, pulcro y sin mancha, limpia la comisura de los rosados labios con el pañuelito bordado, se balancea en el columpio con sus piecesitos adelante y sus bucles dorados que vuelan y caen en su espalda, oyendo como los gritos de pánico envuelven el parque infantil, viendo como la noche se  torna cada vez más oscura y los primeros copos de nieve de la noche invernal comienzan a caer.